Dos menos cinco de la tarde, horario de
Guatemala. Los carros pasan y pasan, la gente pasa y pase, entra y sale de la escuela de paredes verde con blanco y con sonidos de marimba rebotando al fondo del pasillo. La ventana siempre la tengo abierta para q el don del bus no crea q no estoy.
La mayor parte del tiempo estoy sola esperando a veces un minuto a veces espero 20 nunca se sabe cuando va a pasar. Mientras le hago de portera abriendo y cerrando para todos los q entran y salen y pasan de mi y de mi existencia como si de verdad fuera mi trabajo abrir y cerrar la puerta. Algunos me dicen gracias otros piensan q la puerta se
abrió sola y otros me miran como con pena.
Pero cuando estoy sola es lo malo. Me pongo tan
melancólica y desesperada por querer irme de
ahí, por querer alejarme del edificio de paredes verdes con blanco y de sus sonidos de marimba rebotando al fondo.
Un minuto
Dos minutos
Cinco minutos
Diez minutos
Quince minutos
¿Donde
podrá estar el bus? ¿Se olvido de mi? Antes llamaba al celular del chofer para saber si me
había dejado o no pero desde que una vez me hablo
abusivamente ya no lo hago.
Cierro los ojos y veo un
flashaso, ha sido el reflejo del sol de la tarde sobre un carro. De pronto escucho la
estridente bocina del bus amarillo que me espera al otro lado de la calle. Cierro la venta, abro la puerta y la cierro con cuidado para q no se
somate. Cruzo la calle con demasiada
precaucion como siempre y saludo al chofer. A veces me contesta amable a veces no me escucha. Busco un lugar donde sentarme en ese circo y encuentro un asiento libre del lado derecho, el tercer
sillón. Me voy en la orilla porque luego debo cambiar de bus y
así no tengo q decirle a nadie q me de permiso. Entre menos palabras tenga q decir mejor.
No se como ni en que momento se me han cerrado los
parpados y me quede dormida entre el bullicio de niños del san
Pablo corriendo y jugando, niñas de la casa central diciendo palabrotas
disque para verse atractivas con los del liceo
clásico y el
chirrido de las llantas al frenar.
Me ha despertado el grito de llamada de
atención del chofer a los del bus uno, hemos llegado al colegio
Putzeys donde cambiamos de bus. Me paro y me bajo del bus
todavía dormida y al poner los pies en la acera me despierto mejor. Camino y llego a la puerta del bus uno donde una niña que besa a su novio de manera grotesca no me dejan pasar. Luego de presenciar tan desagradable muestra de afecto publica logro subir al bus para descubrir que mi hermana quien
tendría que guardarme lugar no esta y que seguramente
decidió irse en camioneta ese
día. Busco casi desesperada otro lugar donde no haya nadie. Demonios todos
están ocupados.
COMO ODIO HA ESTA GENTE.
Pienso por dentro. Aunque en mi cara
también se puede notar. No hay
ningún lugar libre pero veo que en un asiento solo hay una mochila colocada a la mitad del
sillón, decido correrlo al pasillo y sentarme en la ventana para poder
recostarme en ella y dormir a gusto. Pienso en ver de quien son las cosas que he movido de lugar, pero al no mas recostar mi cabeza en el vidrio me quedo
profundamente dormida.
Abriendo a penas los ojos veo que la persona que se
sentó a mi lado ya se ha ido y que vamos a mitad de recorrido, me acomodo de otra manera en el
sillón y sin quererlo me vuelvo a dormir.
Esta vez me despiertan las bocinas de los carros: hay trafico llegando a
Monserrat, ya casi todos se han bajado
así que solo vamos unos 6 en el bus. Pienso en irme despierta el resto del camino y
así lo hago hasta que a apenas una cuadra de mi casa me he vuelto a quedar dormida sin darme cuenta y una niña me ha tenido que despertar para que me baje.
Me levanto de un brinco y me bajo sin pensar realmente en lo que hago.
El sol brilla aun fuerte a las cuatro de la tarde sobre la sucia calle de la sexta avenida, cruzo lo calle y luego de rebuscar en mi mochila le muestro al
guardián de un
portón mi
carnet para que me deje entrar. De mala gana abre el
portón y entro. Camino lento y con fachas de sabe Dios que (Ana dice de drogadicta) hacia mi casa, una vecina pasa y me mira feo yo ya no le pongo importancia. Si supiera que su querida
hijita hace mil veces mas cosas malas que yo.
Abro el
portón de mi casa, toco el timbre de la puerta y me abre mi abuelo,
Elly me saluda feliz dando brincos y moviendo la cola. Tiro mi mochila sobre el
sillón camino a mi cuarto y me dejo caer sobre mi cama.
POR FIN EN CASA.